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MI DECLARACIÓN UNIVERSAL
Todos los hombres y las mujeres somos
absolutamente iguales,
sin distinción alguna de etnia, color, físico, sexo, orientación sexual, edad, discapacidad, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición,
como queda recogido en la Declaración Universal de los Derechos Humanos de Naciones Unidas de 1948pero tú eres una auténtica hija de puta.
Marwan
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Lasciate ogne speranza, voi ch’entrate.
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Natalia
Una mirada de tus ojos,
la parte exterior de tu iris,
una sonrisa de esas que haces que no es del todo sonrisa
y cuando te giras,
a veces,
moviendo la cabeza y después el cuerpo,
cómo si bailaras… -
Pequeños secretos
Soy un chico normal. Voy a la universidad. Salgo con mis amigos. Me enrollo con chicas. Hago deporte.
Soy un chico normal, me repito continuamente.
Todos hacemos cosas especiales. Todos tenemos nuestras pequeñas manías. Algunos no beben Pepsi, tan sólo beben Cocacola. Otros se ponen el reloj en la mano derecha.
Todos somos un poco raros, me repito, para convencerme.
Cada uno tiene su pequeña locura. Algo que hace que pierda el control. A algunos les pasa con los espacios pequeños, como los ascensores. Otros soportan mal la presión, les produce ansiedad.
En el fondo todos estamos un poco locos, pienso para consolarme
En el fondo todos ocultamos cosas.
Todos.
Cada uno tiene sus pequeños secretos.
Pequeños.
Eso no hace que me sienta mejor.
Nunca la sangre fue tan roja.
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Anónimo preguntó: Follame. Perdón, la tilde. Fóllame, ¿o es follamé? Depende del contexto, ¿no? En la cama el otro día yo creo que era más con la tilde en la e, pero si te lo pido por favor va con la tilde en la o. En fin, lo dicho, teleco friki, que me ponen los hombres que saben de chips. Que me folles joder. No es tan difícil. Me ves todos los días y no eres capaz de decirme nada. ¿A los hombres no se supone que os iban las maduritas? Pues da el primer paso y pásate a pedirme sal algún día. Fdo: tu vecina
Uauh.
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Volterra
Todavía no ha amanecido. Madrid, aún dormido me ve huir de él. Ajusto la cazadora, me subo a la Ducati y parto en busca del Sol. En dos horas se hará de día. En 4 habré cruzado la frontera. En 8 llegaré a Marsella.
Pero no es ese mi objetivo. Mi objetivo es acelerar. Sentir el viento en la cara. Caer, huir, morir, renacer. Escapar de algo que me persigue y ni siquiera sé que es. Esconderme en un sitio dónde nadie pueda atraparme. Donde nadie pueda encontrarme. Donde tú no puedas alcanzarme.
Nada de teléfonos móviles. Ni correos electrónicos. Tan solo una mochila, unas gafas de sol y mi cámara. Y tu olor en mi cuello, disolviéndose con el salado aroma del Mar.
La moto ruge devorando kilómetros. Su vibración parece acunarme, protegerme. El sol se levanta del Mediterráneo, surge de él cómo un gigante dormido y tiempo después, cómo todo… se vuelve a acostar, desaparece, acariciando con sus últimos rayos los tejados de Marsella. El agua acaricia la playa, frente al hotel. Instintivamente siento que ella lo entiende. Que sus viejas arenas ya han visto a muchos cómo yo.
Vuelvo a emprender la marcha de madrugada. La pequeña ciudad duerme en un silencio tan solo roto por el suave sonido de las olas. Es la luna la que me ve partir. Quiero pensar que, con su suave luz acariciando mi espalda, me desea suerte en mi viaje.
Acelero al llegar a Italia. Tengo que ser más rápido que el Sol. Mi corazón se acelera conforme me voy a adentrando en la Toscana. Empiezo a comprender el propósito de este viaje.No es una huida frenética. Es una búsqueda desesperada. Acelerar es tan solo la respuesta a mis pensamientos.
El suave ronroneo de la Biposto me acompaña cuando entro en Volterra. Subo la pequeña cuesta y dejo la moto aparcada en la plaza, al lado del Baptisterio. Dos ancianos me contemplan con pasiva curiosidad. Me acerco lentamente al mirador. A mis pies la Toscana queda iluminada por los últimos rayos de Sol.
Me quito las gafas para verle hundiéndose en el horizonte. Aspiro su olor, noto su calor en mi piel … saboreo hasta el último rayo de luz.El viaje ha valido la pena. Sé que todo esto ha valido la pena. Apoyado en una fachada contemplo la mágica forma en la que se desvanece la luz. En la que todo desaparece, se convierte en tan solo una sombra de lo que fue. Sonrío mientras vuelvo a la plaza en silencio. La moto quedaba oculta tras tus ojos verdes…
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Para que conste.
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No te rindas
No te rindas, por favor no cedas,
aunque el frío queme,
aunque el miedo muerda,
aunque el sol se esconda,
y se calle el viento,
aún hay fuego en tu alma
aún hay vida en tus sueños.
Mario Benedetti
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